Raly Barrionuevo y Jesús María: cuando el folklore deja de sentirse propio
Las declaraciones de Raly Barrionuevo, cantor nacido en Frías y referente indiscutido del folklore nacional, no pueden leerse solo como el lamento de un artista incómodo con los tiempos televisivos. Detrás de sus palabras hay algo más profundo: la sensación de que el público de Jesús María ya no es el mismo, y que el festival cambió su identidad.
Cuando Raly pone en duda su regreso y afirma que quizás “lo que él hace ya pasó de moda”, no está hablando únicamente de bases electrónicas o formatos modernos. Está insinuando —con la honestidad que siempre lo caracterizó— que el vínculo emocional y cultural con ese público se quebró.
Un festival que ya no representa lo mismo
Jesús María fue históricamente un espacio donde convivían la tradición, el canto popular y la identidad del interior profundo. Sin embargo, en los últimos años, el festival fue corrigiendo su perfil: mayor presencia de figuras mediáticas, fuerte impronta televisiva y un público cada vez más alineado con sectores de poder económico y político.
En ese contexto, no pasa desapercibida la cercanía simbólica y real del festival con la Sociedad Rural, ni el uso político que se hizo del escenario, especialmente tras la reciente presencia del presidente Javier Milei, celebrada por una parte del público con entusiasmo partidario.
Ese gesto marcó un quiebre.
Las declaraciones de Raly Barrionuevo. Detrás de sus palabras hay algo más profundo: la sensación de que el público de Jesús María ya no es el mismo, y que el festival cambió su identidad. @RalyOficial pic.twitter.com/eKn3qXaRNS
— Periódico Sur Santiagueño (@InfoSurSantiago) January 20, 2026
El público también cambió
Raly no lo dice de manera explícita, pero lo sugiere con claridad: ya no se siente cantándole al mismo pueblo. El público que escucha, que guarda silencio, que se reconoce en la palabra cantada, parece haber sido reemplazado —al menos en parte— por un auditorio más ideologizado, más celebratorio del poder que de la raíz.
No es casual que artistas como Raly —y también otros referentes del folklore crítico y social— se sientan desplazados en escenarios donde el aplauso parece responder más a una identidad política que cultural.
Folklore, poder y contradicciones
Jesús María hoy expresa una contradicción difícil de disimular:
se presenta como festival de tradición, pero abraza discursos que históricamente fueron ajenos —cuando no opuestos— al folklore popular.
Raly Barrionuevo viene de otra escuela. La del canto que incomoda, que pregunta, que no se adapta al aplauso fácil ni al clima de euforia partidaria. Por eso su duda no es caprichosa: es coherente.
Cuando dice que no quiere “engañar a la gente”, lo que está diciendo es que no va a forzar una pertenencia que ya no siente.
¿Un adiós silencioso?
Tal vez no sea una despedida formal. Tal vez sea algo más fuerte:
la decisión de no legitimar con su presencia un espacio donde ya no reconoce al folklore como herramienta de identidad popular, sino como parte de un engranaje político y económico.
Mientras tanto, Raly elige otros escenarios. Más chicos. Más sinceros.
Donde el canto no tenga que competir con discursos de poder.
Jesús María seguirá lleno.
Pero la pregunta queda flotando:
¿Puede un festival seguir llamándose popular cuando deja de incomodar al poder y empieza a celebrarlo?





