«El arte sanador: El impacto del baile folclórico en pacientes de diálisis, una historia de esperanza y alegría con el Dr. Enzo Villarreal»
Medicina y arte unidas para sanar el alma de los pacientes de diálisis.
Estos días se viralizó un video en el que el joven médico añatuyense zapatea en una sala de diálisis y alegra a los pacientes que transcurren allí durante casi cinco horas. Se trata del Dr. Enzo Villarreal con quien dialogamos.
Enzo Villarreal es un joven profesional médico que se recibió en octubre el año pasado en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, generando gran orgullo en su ciudad y sobre todo su barrio Colonia Osvaldo. Actualmente, trabaja en el Centro Renal Alsina, realiza guardias en hospitales del interior y también en el servicio de ambulancias de una empresa privada. Además, Enzo es bailarín folclórico, algo que bebió en su hogar transmitido por sus padres y que en esta oportunidad conjugó con la medicina para despertar sonrisas entre sus pacientes.

El video del Dr. Enzo trascendió todas las fronteras y estos días atendió a los medios de comunicación, más diversos para contar la historia del video que recorrió todas las redes sociales.
“La semana pasada se recordó la Semana del Riñón y particularmente el jueves fue el Día del Riñón y por ello se han realizado diferentes actividades en el centro renal donde trabajo para concientizar a la sociedad sobre la importancia de la prevención en cuanto a los cuidados que debemos tener. Dentro de la sala de hemodiálisis, para que los pacientes de alguna u otra forma transcurran el tiempo de la mejor manera, tratando de sacarles una sonrisa y que se sientan un poco mejor, recordando no solo que son personas que padecen una enfermedad sino que son personas que sienten y atraviesan por muchas situaciones y que con lo mínimo puede alegrarles el día, improvisamos algo con otros colegas”, contó Enzo.


“Ese número no lo habíamos preparado para nada y surgió en el momento como algo espontaneo. Uno de mis colegas trajo un bombo, otro la guitarra y nos pusimos a cantar un tema y le dije tócame que voy a zapatear. Hice una mudanza y la verdad que les ha gustado mucho a los pacientes. Hice como cinco mudanzas porque el centro es grande y he tratado de zapatearles para todos los pacientes que estaban en ese momento. La danza es algo que he dejado un poco para dedicarme de lleno a mis estudios y a la profesión”, contó sobre la vivencia viralizada.
En esa sala había gran cantidad de pacientes de todo el interior provincial. Allí transcurren cuatro horas y media en las que permanecen sentados en el sillón para atravesar todo el proceso de diálisis. Muchos viajan largas distancia y desde muy temprano y prácticamente pasan casi todo el día en ese proceso durante tres días a la semana. “Gran parte de su vida se la pasan sentados y me pongo en su lugar y es algo muy difícil de sobrellevar para ellos. No te imaginas lo lindo que ha sido ese día cuando salían los pacientes y se iban con una sonrisa en la cara. Ha sido una de las cosas, si no ha sido la más importante y gratificante, que me ha pasado desde que estoy ejerciendo la medicina”, expresó con orgullo el médico añatuyense.

“He participado en varios escenarios, varios certámenes de danzas, algunas veces hemos bailado en cetros de adultos mayores con la academia Tradiciones Santiagueñas, pero algo así nunca había vivido. Son momentos que los llevo en mi corazón y más ahora siendo médico de los pacientes ha sido algo muy especial y no olvidemos que el arte cura de alguna forma. Ha sido un acaricia al alma poder demostrar que aparte de ser su médico puedo llevarle un poco de alegría a ellos”, manifestó.
“Lo he hecho sin tener idea de que se podía viralizar de la forma que sucedió. Es un acto de bien que me llena de alegría interna y me hace crecer como profesional y me llena de alegría todo lo vivido.
Enzo sobre el final de su diálogo dejó saludos para sus padres, su hermana, su novia y a los profes Carlitos y Liz de la academia Tradiciones Santiagueñas y al Centro Renal Alsina, Dres. Cejas e Ibáñez, que le abrieron las puertas para trabajar.




