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1 bRestos fósiles, aparentemente, pertenecientes a un “Gliptodonte”, fueron encontrados durante la perforación de un pozo sanitario, en “Establecimiento Doña Minda”, a unos 15 km al norte de la localidad de Wéisbur, perteneciente a Alejandro Quarín.
Un grupo de operarios cavaban un pozo sanitario, destinado a los efluentes de los criaderos de cerdos, cuando a la profundidad de tres metros aproximadamente, se toparon con un caparazón de dimensiones descomunales. Enseguida dieron aviso a Don Quarín, quien en lo inmediato se comunicó con autoridades de la capital santiagueña, que tienen competencia en estos tipos de hallazgos.
En diálogo telefónico con los paleontólogos santiagueños, Quarín les expresó que los restos encontrados tienen la forma de un Tatú Carreta; las dimensión son de unos 3 metros de largo por 1,20 metros de ancho. Ante estos datos, los profesionales estiman que por la forma, el tamaño y la profundidad en la que se encontraron los restos, se trataría de un “Armadillo Gigante” conocido como “Gliptodonte”. Paso siguiente se comunicaron con expertos de Buenos Aires, quienes estarían apersonándose al lugar del Hallazgo, la semana que viene, para proceder a la extracción de estos restos del animal prehistórico.

¿Qué es un Gliptodonte”?

Seguramente todos conocen al Armadillo, este pequeño animal con unas placas óseas que le recubren el cuerpo y utiliza a modo de protección enrollándose sobre sí mismo ante cualquier depredador. Pues bien, existió, hasta hace unos 10.000 años, un primo del armadillo conocido como Armadillo Gigante o, más comúnmente Gliptodonte.
El Gliptodonte era un enorme mamífero prehistórico que vivió en América del sur y que vino de América del Norte y cuya característica principal era su capa protectora, un caparazón que lo blindaba y protegía de los depredadores de la época.
Esta coraza ósea era muy resistente y era capaz de soportar mordidas de tigres dientes de sable y lobos gigantes. Era un animal pesado, poco ágil, del tamaño de un hipopótamo y con una fuerza descomunal. Sus huesos fueron robustos y duros, tenían que soportar un peso concentrado que fácilmente superaba los 2000 kilos y la altura de un hombre.
Este herbívoro prehistórico estaba muy bien diseñado, su capa protectora le proporcionaba la seguridad para evitar ataques de sus depredadores. Pero su papel de presa no era pasivo, también podía defenderse con su robusta cola. Una cola pesada con puntiagudos huesos que bien utilizada era capaz de partir patas, costillas y los cráneos de sus depredadores.
Fue tanto el éxito de este animal del sur de América que llegó a existir hasta la llegada del ser humano. Entonces, como suele pasar desde que estamos en la Tierra, exterminamos la especie. Bien para comer su carne, bien para utilizar el enorme caparazón como refugio.
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